Una visita al Vaticano

DSC08865_Roma_Museos_Vaticanos_vista_Cupula_San_Pedro_desde_ventana_vAquel fue uno de los veranos de Interail y entre otros sitios decidí pasar por Italia. Llegué a Roma una mañana insomne en un tren nocturno que no recuerdo de dónde venía. Dejé las cosas en el albergue juvenil de turno y me dispuse a conocer la Ciudad Eterna. Decidí ver primero la basílica de San Pedro. Llegué hasta la inmensa plaza, pasé el control de la puerta y me dispuse a ver el arte del renacimiento en todo su esplendor. Pero a mi, que por lo único que me gustan las iglesias es por su tranquilidad y por su belleza, aquello me pareció un mercado persa: japoneses a flashazo limpio por todas partes, Españoles gritando “Mariaaaa, ver a ver la escultura esta de Miguel Ángeeeeel”, niños corriendo y jugando, los alemanes todos detrás del guía con la banderita como rebaños tras el pastor, una debacle. La única manera que se me ocurrió de contrarrestar aquello fue ponerme los walkman y tirar p’alante.

Tras una hora más o menos contemplando aquella maravilla se acercan a mi dos seguratas vaticanos muy discretos, con traje gris, creo, y una chapita de latón en la solapa. No entendí muy bien por qué en medio de aquel aquelarre me dicen que no podía estar con el walkman y yo, que ya lo había visto todo más o menos, preferí marcharme antes de seguir sin música y eso que estaba escuchando a Mozart, un programa más o menos parecido al del cumpleaños del hermano del Papísimo, ese de los 100.000 €. Me dirigí hacia la puerta desde el baldaquino de Bernini y a medio camino volví a ponerme los auriculares. En ese momento los seguratas, que debían estar siguiéndome, me cogieron cada uno por un brazo y apretaron el paso hacia la puerta. Yo no entendía nada, y en ese momento me salió la vena anticlerical que llevo en los genes y dije a media voz y en francés, como para mí mismo: Ah, la merde de l’eglise catholique! Joder, no sólo me oyeron los seguratas, también me entendieron, y en ese momento me empezó a llover una somanta de hostias como nunca en mi vida (abro un inciso para explicar que habiendo pasado mi adolescencia y primera juventud en una de las zonas más conflictivas de Euskadi, en plena transición, y haber salido casi indemne de las cargas de la poli, cosa milagrosa, no podía asimilar que me fueran a dar de leches en plena basílica de San Pedro)

baldaquino_san_pedroCaí al suelo, me daban patadas, no sé qué me gritaban en italiano y realmente recuerdo ese momento como en una nube. Me levantan, me sacan de la iglesia y en vez de dejarme en la plaza, como suponía, me llevan en volandas al interior de la Ciudad del Vaticano a lo que acabó siendo una comisaría. Y si hasta entonces la cosa había sido rocambolesca, lo que siguió no lo fue menos. Me interrogaron. Pero el interrogatorio no era sobre a qué célula terrorista pertenecía, no. Cogen mi pasaporte y cuando lo ven la cosa transcurrió más o menos así:

-¿Es usted español?

-Ya lo ve

-¿Y no es católico?

-No

-¿Pero es usted español y no es católico?

-No

-Pero todos los españoles son católicos

-Pues yo no

-¿Pero seguro que es español?

-Eso pone ahí, ¿no?

Y miraba y remiraba el documento como si tuviera que ser falso. Así estuvimos ad nauseam. No cabía en su cabeza tamaño despropósito. No sé cuánto tiempo estuve allí. Al final me dieron por imposible y me soltaron. Aquella misma tarde cogí un tren y salí de Italia. No sé cuándo volveré.

Berlín, guía de viaje 3 (Kreuzberg 61: Mehringdamm)

Mehringdamm es el otro centro neurálgico de Kreuzberg (metro del mismo nombre, líneas 6 y 7 o Hallesches Tor, línea 1) (ver mapa). Esto es un batiburrillo, porque una de las varias zonas gays de Berlin (se ven muchas banderas arco iris en los balcones) se mezcla con un alto índice de población turca (muy conservadora) y con la típica gente extraña que hay por toda la ciudad (también hay gente normal, no os creáis) y parece que todos conviven muy alegremente. Como a esta zona voy más que nada de visita y de compras no puedo hablar mucho de su vida nocturna pero tiene mucha fama, especialmente Yorkstrasse y, desde luego, Mehringhof, en Gneisenaustrasse 2, casi en la esquina con Mehringdamm, una antigua fábrica reconvertida en centro cultural, con teatro, tienda de venta, reparación y alquiler de bicis, varios proyectos de tipo social, librería y una taberna curiosísima a la par que cutre, (se llama Clash, haceros una idea…) donde suele haber conciertos. Estuve unas cuantas veces en los 80 cuando Kortatu y otros grupos parecidos actuaban regularmente, pero ahora no sé muy bien de qué va, aunque ahí sigue. Tampoco es fácil de encontrar porque está dentro de un patio de manzana y fuera no pone nada, pero todo es preguntar.

Mehringhof_8

En cuestión de compras, en el número 31 (seguimos en Mehringdamm) hay una tienda de ropa vaquera outlet, The Jeans donde me compro los Levi’s 501 (auténticos ¿eh?) a 50 € (precio de 2007). Además, hay otros comercios de ropa en oferta, los típicos sitios de kebab y, al otro lado de la calle, una estupenda librería de ocasión especializada en arte, pero no me acuerdo del nombre, con libros increíbles tiraos de baratos.

Para más librerías, cosas de segunda mano que allí llaman “antigüedades”, tiendas de discos especializadas en distintos estilos y bares interesantes, la mayor concentración está en Bergmannstrasse donde además, hacia el final, hay un mercado tradicional de alimentación, Marheinekeplatz Markthalle, de los pocos que quedan en la ciudad y lleno de productos típicos alemanes: ya sabéis, salchichas, salchichitas, salchichotas, salchichones… y alguna cosa más. En esa misma calle, en el 105, está Lunamaro, una tienda de artesanía donde suelo comprar algo cada vez que voy. No es barata para nada pero tiene unas cosas…

Bergmannstrasse

Otros puntos de interés de esta zona son Viktoriapark, que además de ser un agradable parque, suele haber conciertos y otras movidillas interesantes. De hecho cuenta la leyenda, porque yo no he subido hasta arriba, que en lo alto de la colina en la que se encuentra el parque hay una cruz que da nombre al distrito: Kreuzberg, o monte de la cruz. Además, están el aeropuerto de Tempelhof, al que no le queda mucho para que lo derriben si no lo han hecho ya, aunque supongo que mantendrán el Monumento al Puente Aéreo, que conmemora el suministro de alimentos y productos a la ciudad durante el bloqueo soviético de 1948. Muy cerca del metro hay un cementerio del siglo XVIII, donde está enterrado E.T.A. Hoffmann y digno escenario de cualquiera de sus cuentos (no ir por la noche). Y finalmente, el Museo gay, que es más que nada una galería para exposiciones temporales, además de biblioteca y centro de documentación.

La actividades más destacadas de esta zona son el Carnaval de las Culturas, que se celebra entre finales de mayo y principios de junio, en la que participan decenas de nacionalidades con sus trajes, su música y sus bailes, en un festival de lo más colorido. Hay desfiles, mercadillos, actuaciones musicales y mucha, mucha gente. A finales de junio hay un Festival de Jazz en Bergmannstrasse. Finalmente, a primeros de septiembre son las fiestas del distrito con montones de conciertos gratis, especialmente en Viktoriapark. Otra fiesta señalada es la del 1º de mayo: la víspera suele haber mucho movimiento y mucha cerveza rulando por las calles, pero la cosa suele acabar bastante mal en la mani del día siguiente.

Un poco más apartado de este núcleo, se encuentra el gigantesco Museo de la Técnica (metro Gleisdreieck, Líneas 1 y 2 o Möckernbrücke, líneas 1 y 7) con aviones, barcos y trenes históricos y muchas actividades pensadas específicamente para los niños y con fines educativos. Es bastante espectacular. También está por allí el Museo Judío, por el que tuve una discusión con una amiga berlinesa que se empeñó en llevarme. Yo le dije que mientras pasara lo que pasa con los palestinos no pensaba visitar ningún centro de propaganda sionista. Creo que me pasé un poco, teniendo en cuenta la sensibilidad de los alemanes con este tema, pero…

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Berlín, guía de viaje 2 (Kreuzberg 36)

Kreuzberg es para mí el distrito más interesante de Berlín, referencia de todos los movimientos culturales y contraculturales que puedan darse hoy día en Europa, con un ambiente un poco loco y bastante friki, además de tener una gran población de origen turco que le dan un sabor especial a ciertas zonas. En la época del muro allí fue donde se concentró la mayor cantidad de gente joven, artistas, estudiantes, colgaos, militantes políticos, místicos y pasaos de rosca y aunque ahora la mayoría son ya cuarentones, da la sensación de que la cosa no decae. Hay tres áreas con sus alrededores donde se concentra lo más interesante y que se encuentran relativamente cerca entre sí, a lo largo de cinco paradas de metro de la Línea 1. En este capítulo veremos las dos primeras, que se encuentran en lo que se llama Kreuzberg 36 por el distrito postal que les corresponde:

Schlesisches Tor (metro del mismo nombre línea 1) (ver mapa). Zona de bares y restaurantes de moda en los últimos años. De hecho, la concentración de garitos es tal que no parece el norte de Europa y además cada uno intentando destacar en algún estilo concreto, desde lo más kitsch hasta lo más moderno. Aunque es algo muy típico de toda la ciudad, en esta zona se pueden encontrar muchos edificios decorados con grandes murales y grafittis. Cruzando el curioso puente Oberbaum se encuentra la East Side Gallery, el trozo de muro más largo que se conserva, pintado por artistas de todo el mundo. No hay que perderse el Club der Visionäre, en Am Flutgraben 2, unos cuantos chiringuitos en las orillas del canal Landwehr, justo antes de la desembocadura, en un entorno que no parece urbano, donde se puede tomar algo mientras se ven pasar los barquitos, con buena música, DJ’s y fantástico ambiente.

PiscinaSpree2Tanto en verano como en invierno (que queda cubierta y climatizada) es genial el Badeschiff, una piscina que han hecho en el propio río Spree ¡dentro del río! pero con su cloro y todo, donde además por un módico precio se puede recibir un buen masaje y con estupendas vistas sobre el gran espacio fluvial y la escultura del Hombre Molecular. En invierno cubren el espacio y además se convierte en sauna. Se encuentra al final de Schlesischesstrasse, al principio de Puschkinallee, detrás de una fábrica (no es fácil de encontrar, pero merece la pena). Al otro lado de la calle hay un parque que formaba parte del sistema del muro donde todavía se puede apreciar una de las torres de vigilancia. Muy cerca está Treptower Park con un gigantesco monumento de la época de la RDA, realismo socialista y faraónico en estado puro.

La parte sur de la zona está delimitada por el parque Görlitzer, que en realidad es el enorme descampado dejado por una antigua estación de tren. Lo mejorcito del barrio se reúne por allí a pasear, hacer deporte, montar un picnic o tomar unas birras en plan botellón. Tiene una granja infantil con todo tipo de animales domésticos que los peques pueden tocar y alimentar. Al final del parque por su lado este, pasado el canal, hay un curioso campamento de caravanas entre circense y artístico que refleja un extremo de los modos de vida alternativos en la ciudad. El sur del parque lo marca Wienerstrasse, otra zona interesante de bares.

Oranienstrasse y alrededores (ver mapa), (metro Görlitzer Bahnhof o Kottbuser Tor, línea 1) Para mí el mejor lugar de Kreuzberg y por tanto de todo Berlín. Barrio de bares, restaurantes, librerías, tiendas raras y discotecas, pero sobre todo es donde se puede palpar un cierto ambiente especial, difícil de describir, que no se da exclusivamente en esta zona pero que aquí parece como si se catalizara. Los mejores kebabs en Adalbertstr. Conciertos y fiestas en Mariannen Platz y muy cerca Schokoladenfabrik, un centro para mujeres con actividades comunitarias, deportivas y de ocio y baño turco sólo para ellas. No es difícil encontrarse por la calle con performances, teatro callejero, manis de todo tipo (la última vez que estuve me topé con una de lesbianas vestidas de obreros de la construcción, no tengo ni idea del motivo, ver foto) y gente variopinta. Es cuestión de pasearse por allí a ver qué pasa, pero seguro que algo pasa. Mención aparte merece el comercio: desde tiendas esotéricas a cacharros de segunda mano pasando por ropa de látex ultramoderna y entre estos extremos cualquier cosa curiosa que se pueda imaginar. Además hay un restaurante hindú bastante flipante donde hacen un pollo tandoori que te cagas (con perdón).

Manifa en Kreuzberg

Al noroeste, en Leuscherdamm, se encuentra un pequeño parque con un gran estanque junto al que hay un restaurante veraniego de cocina fusión (sólo terraza) y la iglesia de San Miguel (St. Michael Kirche) un entorno tranquilo y agradable para relajarse un poco del “stress” de tanto bar y tanta compra (es un decir).

A partir de Kottbuser Tor, hacia el sur por Kottbuserdamm, se concentra una buena parte de la población turca del distrito. Hay que darse un paseo sobre todo por las tiendas increíblemente horteras que hay por allí (especialmente ropa de fiesta, bodas y otros actos sociales de la comunidad procedente de Anatolia). Es fantástico el mercado callejero que se organiza los martes y viernes en Maybachufer: especias, alimentación de todo tipo, (especialmente un puesto de pasta artesana con decenas de tipos de ravioli y tortellini rellenos: setas, quesos, verduras… ñam, ñam) telas, etc. todo a buen precio y con ambiente multiétnico.

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Viaje a Perú: Cusco

Cogí el avión en Lima a primera hora de la mañana. Tras una hora de vuelo entre las yermas colinas de la costa y el altiplano, el paisaje se vistió de verde como una dama con sus mejores galas. La señora nos acogió en su regazo, entre sus pechos verdes, hasta tocar suavemente su piel de cemento y pararnos en su ombligo, el ombligo del mundo. El guía me estaba esperando en la terminal. Llegué solo hasta el Cusco porque Víctor y Julia prefirieron viajar en autobús. Yo no podía estar 18 horas metido en aquella lata sin fumar.

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La estatua dorada y desproporcionada de Pachacutec nos recibió a las puertas. Mientras ascendíamos la avenida empecé a sentirme mal. Llegamos al hotel, en la cuesta de San Blas. Me asomé: era un lugar bello y decadente de estilo colonial con un gran atrio bajo cristal. Cada vez me sentía peor. –Es el soroche, el mal de altura-, me dijo aquel indio. -Descanse un rato y se sentirá mejor. Tome, es infusión de coca, buena para el soroche. Se la toma, se tumba un rato y luego vuelvo.- Me tumbé en la cama y me dormí. Cuando volví a despertar ya era de noche. Seguía mal. Apenas había comido pero tenía ganas de vomitar, no sabía nada de Víctor y Julia. Llamé a Andrés a Lima y me dijo que habían salido a media tarde, que llegarían al día siguiente. Mientras hablaba notaba las arcadas intentando acallarme.

Al día siguiente desayuné, salí a la calle, busqué una farmacia y pedí algo para el soroche, la infusión de coca no parecía funcionar. Decidí dar un paseo y empecé a darme cuenta de dónde estaba: Las bases de las casas en ese encaje de piedra en el que no se puede meter un cuchillo. A partir de cierta altura las paredes blancas y las ventanas de la colonia y los hermosos tejados de casa señorial extremeña. Seguí bajando hasta chocar con la inmensa explanada de la Plaza de Armas. Me senté en la escalinata frente a la catedral barroca y respiré profundamente, me sentía mejor. Al otro lado, a la izquierda, la iglesia del convento de los jesuitas, La Compañía, apuntaba a Dios con sus dos torres. Esta plaza, Huaycaipata, El Lugar del Llanto para los incas, es el ombligo del ombligo, el centro de los dos imperios. Pero el poder que representa no es civil. Las dos grandes iglesias que lo enmarcan encarnan a Dios y a sus representantes, y cuentan la historia de cómo el poder terrenal se ha apoyado siempre en el poder celestial para estrujar el corazón y el bolsillo de la gente. Para los quechuas ese poder del cielo no estaba allí, estaba en Coricancha, el recinto del oro, los templos del sol, de la luna, de las estrellas y del agua. Dicen que en su explanada había un jardín con árboles y pájaros y flores de oro que sirvieron para pagar el rescate de Atahualpa. Por fin llegaron mis compañeros de viaje y por la noche nos reunimos con Aitor, que venía de hacer el camino hasta Machu Picchu.

Cuzco 1

Dicen que el plano del Cusco tenía forma de jaguar y Sacsayhuaman era su cabeza reposando en lo alto del cerro: Sus piedras inmensas reflejan el poder y el miedo que los opresores quieren infundir en los oprimidos, como en todos los imperios que en el mundo han sido. Pero su decadencia produce la ternura de los perdedores. Sacsayhuaman es un telón de piedra a punto de plegarse, como el final de un drama, y espera paciente el aplauso del espectador asombrado. Sus dientes raídos son de pobre vieja arrastrada por los años y su hermosura es ha hermosura del tiempo perdido.

Pero donde está la esencia del Cusco es en sus calles y en sus mercados y especialmente en el mercado central. Allí están las viejas y sabias quechuas con sus trajes de colores y sus sombreros blancos. Allá están sus mocosos corriendo entre la fruta jugando al pilla-pilla. Allí están los puestos de magia y de pollos y de mate de coca y de falsos calcetines de marca y de máscaras de carnaval. Allá están las señoras comprando el maíz y la chicha de jora y la chicha morada y el arroz del día. En los mercados del mundo me encuentro siempre con la vida cotidiana y es lo que más me importa. Allí me sentí, por fin, en el ombligo del mundo.

Berlín: Guía de viaje 1 (en general)

Berlín es una ciudad para vivir más que para ver. No es especialmente bonita, como pueden ser otras, ya que la segunda guerra mundial, de la que salió destrozada, y los avatares que siguieron a continuación hicieron que estética y arquitectónicamente deje mucho que desear, pero su gente, su cultura callejera, la fauna urbana, su vida nocturna y el espíritu alternativo lo impregnan todo y eso puede ser más interesante que cualquier monumento. En pocos lugares pueden verse tan claramente las marcas de la historia como en éste. Está bien pertrecharse con una buena guía de viaje para los aspectos generales pero lo mejor para ver qué se cuece día a día son las revistas tipo guía del ocio. Hay una web en castellano, La berlinesa, que también se edita en papel coincidiendo con la temporada turística, de abril a octubre. Una buena referencia general en internet es Berlin Información Turística. Se puede bajar de internet una audioguía en MP3 de los puntos más interesantes por si se quiere ir escuchando a medida que se va visitando.

 Berlín Schloss Charlottenburg

Qué hacer

En Berlín se puede hacer de todo, como corresponde a una ciudad de casi cuatro millones de habitantes, pero especialmente lo relacionado con la cultura, ya sea de tipo oficial o más underground, este último aspecto mucho más interesante, y todo lo relacionado con un modo de entender la vida que podemos llamar alternativo. Especialmente en verano, pero durante todo el año aunque el frío influye, la ciudad es un hervidero de conciertos gratuitos, manifas, performances callejeras, actividades politicas, happenings, fiestas, y demás saraos. Son interesantes las exposiciones de artistas jóvenes improvisadas en cualquier parte (edificios okupas especialmente) las alucinantes sesiones de cine en los sitios más inverosímiles, con películas igualmente inverosímiles, o los teatros montados en cualquier descampado. Todo es cuestión de buscar un poco. Por supuesto, además, hay montones de museos de todo tipo, espectáculos de pago de primera calidad, el festival de cine, ópera, música clásica, étnica, o de cualquier otro estilo, y cualquier otra actividad habitual en las grandes ciudades.

Capítulo aparte son las visitas a los lugares que marcaron la historia más reciente de la ciudad, algo que no es tan evidente en otros lugares: Anhalter Banhof, la que fue estación más grande de Europa de la que sólo hay ruinas; los antiguos centros de poder nazi, o lo que queda de ellos, como el jardincito donde estuvo el bunker de Hitler, que no suele venir en las guías; las marcas de la segunda guerra mundial, que aún hay muchas, y por supuesto, el muro, del que cada vez queda menos y no se sabe cuánto durará, y también, claro, otros restos del paraíso comunista.

Para lo grande que es Berlín es un ciudad fantástica para pasear. Hay grandes parques donde uno puede perderse un rato o tomar el sol, zonas peatonales y calles cargadas de historia y en cualquiera de estos sitios se puede encontrar algo especial. Tampoco está mal sentarse en una terraza y ver pasar a la gente mientras uno se toma una cerveza y come algo. Y para relax total, no hay que olvidar que la ciudad cuenta con una gran población turca, así que una visita a un hamam es algo imprescindible, aunque no hay muchos para elegir.

Si se va con niños hay algunas actividades interesantes como el Kindermuseum Labyrinth, un espacio didáctico y de ocio donde podrán jugar a sus anchas; el enorme Museo de la Técnica, un lugar fantástico para que los reyes de la casa puedan tocar botones durante horas y en general actividades especialmente dedicadas a ellos en algunos parques. Aunque no soy muy amante de los zoos, el de Berlín está considerado uno de los mejores del mundo y a los peques siempre les entusiasma ver los animales.

 

Compras, comer y beber

Aunque alguno no se lo crea Berlín es una ciudad barata, especialmente para comer, pero en general, ropa, museos, cerveza (no tanto otras bebidas) transporte, espectáculos, etc. resultan más baratos que en España. Comer en los puestos de la calle o en locales étnicos más o menos cutres es baratísimo. Por poner un ejemplo, ya que me encantan y los hay por todas partes, un kebab el doble de tamaño de los que aquí cuestan 4 €, allí sale por 2. Lo mismo para la comida china, las salchichas o el codillo típicos en una cervecería, o la comida italiana, hindú, etc.

Para compras en plan tiendas al uso la zona que se lleva la palma es el eje del Kurfürstendamm-Tauenzienstrasse, con el punto de referencia de la famosa iglesia bombardeada. En lo que fue Berlin Este, en el centro (Mitte), lo más interesante sin duda está en la zona de Friedrichstrasse y alrededores, pero todo muy pijo, y el área al norte de Karl-Liebknecht Strasse. También está bien Potsdamer Platz. Para tiendas y compras más alternativas lo mejor es Oranienstrasse y el eje Mehringdamm-Bergmannstrasse. Además hay varios rastros, algunos especializados en antigüedades y otros más generalistas. El más grande está en Prenzlauer Berg, en Mauer Park, los domingos todo el día.

 

Moverse

Una forma muy interesante de moverse por la ciudad es la bicicleta, hay carriles bici por todas partes y además los peatones los respetan, no como en otros sitios, porque si se os ocurre pisar uno de ellos, el primer ciclista que pase os echará una buena bronca. Alquilar una bicicleta para todos los días es caro y no merece la pena si no se conoce la ciudad, pero está muy bien para hacer alguna excursión especial o para conocer el Tiergarten un enorme parque en pleno centro que además contiene alguno de los monumentos más significativos, de los que hablaremos en el capítulo correspondiente. En general lo mejor para desplazarse es el metro (U Bahn) si se trata de moverse por el núcleo urbano y en este último y los trenes de cercanías (S Bahn) si se quieren visitar los alrededores (Potsdam, Spandau, Grunewald, un extensísimo bosque lleno de lagos, Köpenick con más bosques y lagos, etc.) En cualquier caso se puede llevar la bici en los dos tipos de tren así que alternar los dos sistemas (tren y bici) es una buena posibilidad para conocer los alrededores de la ciudad. Aquí tenéis un plano metro-cercanías.

Hay que tener cuidado con la numeración de los portales en las calles. Utilizan un sistema de herradura: la numeración empieza toda seguida por un lado de la calle y cuando se acaba continúa por el otro, por lo que es muy complicado encontrar cualquier número. Además no hay un portal único por número, hay edificios dentro de los patios de manzana por lo que a cada número le corresponden varios bloques. Además, en ocasiones un número puede estar dividido en dos A y B. Con lo organizados que son los alemanes para casi todo, esto es un auténtico lío.

 

Alojamiento

El alojamiento tampoco es especialmente caro, hay hoteles de todos los niveles a precios interesantes, sobre todo en las zonas más populares como Kreuzberg, Prenzaluer Berg y la zona del Ku’damm. Si se va en grupo una buena alternativa es alquilar un apartamento por unos días. Para alojamiento alrededor de 30 € por persona/noche la página Berlín30.com está muy bien. Una posibilidad interesante para alojarse es Ostel, un hotel con la estética, los muebles y el ambiente de la época comunista. Está bien situado además, entre Kreuzberg y el centro y no es muy caro. Tiene además habitaciones de “pioneros”, tipo albergue, por lo que si se va en grupo, y no importa dormir todos juntos a bajo precio, es perfecto.

 

Recomendaciones para documentarse

Una princesa en Berlín de Arthur R. G. Solmssen. Novela histórica fácil de leer que retrata la Alemania de los años 20, tras la primera guerra mundial y la situación que derivó en el ascenso de Hitler.

Adiós a Berlín de Christopher Isherwood. Es el libro en el que se basó la película Cabaret y trata sobre el Berlín de los primeros años 30 y la época del acceso del nazismo al poder.

Good bye, Lenin! de Wolfgang Becker. Película sobre las consecuencias personales que para muchos supuso de la caída del muro.

La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck. Filme que trata sobre la represión política en los últimos años de la RDA.

El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders. Una visión crítica de la RFA de los años 80.

Un, dos, tres, de Billy Wilder. Divertida comedia rodada y ambientada en 1961, poco antes de la colocación del muro.

 

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Donostia-San Sebastián capital europea de la cultura 2016

 

 

Centro Cultural Lugaritz, La Tamborrada, Universidad del País Vasco, Quincena Musical, 15 estrellas Michelín, plaza de la Trinidad, Festival Internacional de Cine, Feria de Santo Tomás, Centro Cultural Altza, El Peine del Viento, Teatro Victoria Eugenia, Festival de Jazz, Centro Cultural Jareño, Museo de San Telmo, Arzak, Festival internacional de Cine Publicitario, Chillida Leku, Centro de Cultura Contemporánea, Martín Berasategi, Musikene, Centro Cultural Okendo, arquitectura, Aquarium, monte Igeldo, basílica de Santa María, el Kursaal, Centro de Derechos Humanos del palacio de Aiete, el funicular, Universidad de Navarra en Donostia, Casa de las Mujeres, Semana Grande, Observatorio de la Sostenibilidad de Cristina Enea, los pintxos, Centro Cultural Ernest Lluch, palacio de Miramar, la concha, Festival de Cine y Derechos Humanos, iglesia de San Vicente, la parte vieja, Semana de Cine Fantástico y de Terror, Centro Cultural Larrotxene, catedral del Buen Pastor, monte Urgull, centro de arte contemporáneo Arteleku, el cementerio de los ingleses, monte Ulia, el funicular, Centro Cultural Intxaurrondo Berri, Universidad de Deusto en Donostia, el cantábrico en el Paseo Nuevo, Orquesta Sinfónica de Euskadi, EITB, Teatro Principal, Centro Cultural Loiola, la zona romántica, Centro Cultural Koldo Mitxelena, Pedro Subijana, Ciclo de Cine Submarino, Kutxaespacio de la Ciencia

 

 

 

No sé si esto será suficiente para una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes, pero creo que no está mal. Y aunque los que no vivimos en ella la llamamos Ñoñosti, por el carácter un poco especial de sus habitantes, creo que se merece ser capital europea de la cultura 2016. El caso es que parece que va un poco rezagada, así que desde aquí pido una ayudita para votar. También es verdad que como gane cualquiera aguanta luego a los ñoñostiarras.

 

 

Este es el enlace: www.candidatecities.com. Pincha en el link, selecciona el idioma, y vota para que sea la ciudad europea de la cultura 2016. Se puede votar hasta tres veces con una misma IP, así que no os cortéis. Sólo es un minutito. Para más información aquí tenéis la página oficial de la candidatura. El cristo ese que hay en la cima de Urgull y Odón Elorza os lo agradecerán.

 

Viaje a Perú: El Callao

Llegué a Perú un 31 de diciembre hacia las 9 de la noche. Víctor y Andrés me recogieron en el aeropuerto y me llevaron al Callao. Cuando llegamos al barrio vi las casas decoradas con guirnaldas de luz navideña. En las calles la gente tiraba petardos. Más tarde se quemarían muñecos hechos con ropa vieja y pequeñas hogueras con trastos. Andrés propuso que hiciera la cena de nochevieja con su familia. Sobre la mesa había unos cuenquitos con lentejas y arroz sin cocinar. -Coge un puñado y mételo al bolsillo, te traerá suerte-. Eso hice, y todavía tengo ese puñado en un cuenquito que compré en el Cusco.

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Al día siguiente me levanté temprano. Todo el mundo dormía. Perú estaba ahí fuera y todo el mundo dormía. Salí a la calle y empecé a recorrer el barrio. Había un pequeño mercado de abastos, tiendas, un mercadillo en el otro extremo. La gente me miraba. Aquel no era precisamente un barrio turístico y supongo que se preguntaban qué hacía allí ese blanquito perdido. Y efectivamente, al cabo de un rato me había perdido. Yo no lo sabía pero estaba siendo vigilado… Seguí caminando. No sabía ni el nombre de la calle donde vivía. Mi sentido de la orientación me estaba fallando. Y de repente, de una casa salió la madre de Andrés, una india con mirada de saber del mundo, y me llamó. Me dijo que me sentara con ella un rato, me dijo que una vecina me había visto y le había avisado. Al cabo de un tiempo Víctor llegó corriendo, agitado, con cara de enfado: -¡Cómo se te ocurre salir solo!- Yo no comprendía. -No vuelvas a salir solo-

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A pesar de la advertencia y de que, efectivamente, nunca más me dejaron solo, los días en aquel barrio del Callao fueron tranquilos y fiesteros. Muchas mañanas nos fuimos al gigantesco centro comercial Minka a desayunar chicharrón, con su mote, y zumo de fresa. Paseamos por la punta y comimos en el chifa del padre de Rosa. El cumpleaños de Víctor lo hicimos dos veces: al mediodía con la familia y a la noche con los amigos. En aquella fiesta descubrí lo que es ser un objeto sexual. Las amigas solteras de Julia quisieron ligar conmigo. Supongo que les parecía un buen partido, porque otra cosa no creo. Yo, que había aprendido esa noche a hacer pisco sour, intentaba escabullirme en la cocina para preparar otra tanda. Entre el calor ambiental y el probar qué tal estaba, el pisco me daba vueltas. Una mestiza entrada en carnes y en años me daba con sus tetas en el pecho. El cóctel consiguió que, con la boca, cogiera su medalla de la virgen metida en el canalillo mientras movía torpemente el esqueleto. Me rodeaban en el baile como pajarillo en red y entraban al círculo por turnos para practicar conmigo, pobre patoso, la salsa sensual. Cómo decirles que no me va el pescao…

El Balaitus

EscaladaHernaniHace muchos, muchos años, unos amigos me convencieron para que fuera con ellos a aprender a la escuela de escalada de Santa Bárbara, en Hernani. Una escuela de escalada no es un sitio con pupitres y profesor, es un peñasco del tamaño de una casa donde, si conoces a alguien que quiera, te lleva y te engancha a pelo un arnés, una cuerda y un par de mosquetones… y p’arriba, y luego p’abajo, que la técnica del rappel el primer día es coser y cantar.

Tengo cierto miedo a la altura. No es algo incontrolable, puedo asomarme desde un piso alto si hay algún tipo de barrera entre mí y el vacío, pero me da mucha impresión acercarme al borde de un muelle en el puerto y no digamos de un acantilado. Sin embargo allí estaba yo, subiendo los 15 metros del peñasco, agarrándome a donde podía y encomendándome a todos los avatares del panteón hindú. “Khrisna, que no me parta la crisma; Brahma, y no hay ni una puta rama…

El caso es que tras un par de fines de semana, debí superar la prueba porque mis amigos me invitaron a pasar unos días de escalada en Pirineos. No soy inconsciente pero sí lanzado, y dije que sí, sin preguntar más. Allí nos fuimos los tres más un cuarto, que tenía pinta de ser el más experto, pero que yo no conocía. Llegamos a Sallent de Gállego un mediodía. Yo pensaba que en el pueblo estaría nuestro “campamento base”. Pero no. A partir de ahí nos quedaban cinco, ¡cinco! horas de empinada subida con las mochilas llenas de comida y material hasta el refugio de no-sé-qué. A medio camino estalló una tormenta. Mis amigos se pusieron supernerviosos. Comenzó una actividad frenética que no comprendía. Se pusieron a cavar agujeros en la tierra. P’a mi que estaban locos: “Saca tu piolet y entiérralo”. Lo hice sin comprender demasiado y luego buscamos un descampado donde nos tumbamos en medio de la lluvia. A mi la excursión bucólico-fashion a la montaña me estaba empezando a mosquear un poquito.

Llegamos al refugio ya de noche, nos instalamos como buenamente pudimos y a dormir. Nada de idílico fuego de campamento, ni de canciones, ni de historias de miedo. Directamente a dormir con otros 20 tíos, en el puto suelo de cemento con la esterilla de 1 cm como único colchón. Me despiertan a las 6 de la mañana, me dan un café, yo no dije nada porque estaba catatónico, y me sacan del refugio con un frío que pelaba. Y hala, monte p’arriba otra vez.

-Este va a ser tu primer tres mil-

-Cómo que mi primer tres mil, ¿eso qué es?-

-Hoy vamos a hacer el Balaitús, mide más de 3.000 metros, así que es tu bautismo de alta montaña-

-Vale, ¿y pretendéis que pase de mi primer 15 a mi primer 3.000 en una semana?

-No te preocupes, aparte de atravesar el glaciar, tiene muy poca escalada…

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No pregunté qué era un glaciar porque lo había visto en la tele. Tras una hora de caminata entre bellos paisajes y bucólicos laguitos llegamos al susodicho glaciar. Me pusieron unos pinchos en las suelas de las botas, me enchufaron un piolet con restos de tierra y nos enganchamos los arneses con una misma cuerda. Al principio la cuesta era suavecita pero se iba empinando poco a poco. Cuando la pendiente alcanzó los 40º más o menos, la cosa se puso chunga, y en ese momento alguien se soltó y empezó la debacle… al estar atados fuimos cayendo uno por uno como muñecos cuesta abajo. Alguien gritó: “¡clavar los piolets, clavar los piolets!” y por fin comprendí para qué servía aquel pico de minero que llevábamos a todas partes. ¡La madre que me parió!

Al final del glaciar había un tramo de escalada preparado con salientes de hierro para no tener que clavar mosquetones a la roca. Me preocupé un poquito cuando dijeron que era fácil y lo haríamos a pelo, “el novato primero por si acaso”. Me hice el valiente y lo subí, la verdad es que no era muy largo pero a continuación venía una especie de paso estrecho entre dos enormes precipicios. Cuando digo estrecho, es estrecho. Aquello no medía más de un metro entre caída al abismo y caída al infierno. Como yo iba el primero y nadie me veía decidí asegurarme y lo pasé a gatas. Pero fue peor porque al final del paso, al ir casi a ras de suelo, me di de bruces con una placa de mármol:

“Tus amigos no te olvidan”

Aquel día llegué a la cima, hice mi primer y único tres mil, el Balaitús.